Recrean arte con documentos sonoros y visuales en la Fonoteca Nacional

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  • El especialista español Miguel Molina Alarcón dirigió la sesión de escucha Orígenes del arte sonoro mexicano

Por: Redacción

Un recorrido histórico por el arte sonoro mexicano realizó el investigador español Miguel Molina Alarcón en la Fonoteca Nacional en una sesión de escucha que abarcó desde las onomatopeyas negristas de sor Juana Inés de la Cruz al fonógrafo bajo la batuta de Federico Sánchez Fogarty.

En el evento Orígenes del arte sonoro mexicano (1676-1936), realizado la noche del 27 de mayo en la Sala Murray Schafer de la Casa de los Sonidos, se mostraron documentos sonoros y visuales, además de realizar interpretaciones en vivo por parte de la pianista Itziar Fadrique, el músico Héctor Tobón y los payasos Lolito Jr y Gran Lolito.

Los sonidos del gong, botellófono, cascabelófono, el órgano chino, guantes musicales y los generados por la madera de una baqueta mantuvieron la atención del público que completó el aforo a la sala.

Miguel Molina al iniciar la velada dijo a la audiencia que la sesión sería un viaje a la huella sonora del pasado que “han legado autores y autoras mexicanos”, por lo que hizo un regreso en el tiempo para ubicarse en el siglo XVII y recrear lo que fueron las onomatopeyas recogidas por sor Juana Inés de la Cruz.

En el siglo XVII lo sonoro es muy importante, sor Juana Inés de la Cruz a través de la poesía hizo escuchar a muchas minorías y tuvo la sensibilidad de transmitir la fuerza del sonido, expuso el investigador, para luego dar paso a la representación de Héctor Tobón con el calabazo de la pieza Al son de un calabazo (1677), recreando el Tumba, la, la, la, tumba, la, le, le.

A los presentes indicó que Al son del calabazo es un villancico de san Pedro Nolasco, el santo patrón de los esclavos blancos y que en sus obras sor Juana Inés de la Cruz utiliza el elemento de onomatopeya como elemento rítmico y la sonoridad del tambor como lenguaje.

Posteriormente se habló sobre las máquinas sonoras en México, creadas entre los siglos XVIII y XX, como el pianoforte-órgano mecánico de Miguel Careaga y Mariano Planes; el piano melógrafo de Juan Nepomuceno Adorno; así como la solicitud del científico novohispano Alejandro Favián a Athanasius Kircher de traer a México el órgano hidráulico mecánico, esto en una carta de 1661, en el siglo XVII.

El evento continúo con la referencia del siglo XIX de la Sinfonía vapor para banda de música y movimientos y silbatos de locomotora, de Melesio Morales, esto en 1869. “Melesio Morales empleó de la locomotora sus sonidos y pitidos con un fin sonoro, la obra la realizó a raíz de la inauguración de la estación del ferrocarril entre México y Puebla”, explicó.

Al referirse al Excéntrico musical del circo en México, Miguel Molina dijo que cuando más tecnología hay, la ciencia se vuelve un objeto cotidiano, dando paso a la interpretación de diferentes melodías con el botellófono, el cascabelófono y el órgano chino, por parte del payaso octogenario Gran Lolito.

“Hay personas que tienen 90 años y guardan en su memoria algo que nosotros olvidamos, hay memorias vivas que nos transmiten eso”, dijo Miguel Molina para luego invitar a Lolito Jr a mostrar el sonido de los guantes musicales, con los que interpretó un poco de la canción Amor eterno.

En la sesión también se escuchó a Ricardo Bell, un payaso que divirtió a Porfirio Díaz, tocando el botellófono, archivo que forma parte del acervo de la Fonoteca Nacional; y continuó con la eclosión de las primeras vanguardias mexicanas, como el estridentismo de José Juan Tablada, el ruidismo de José Pomar y Xavier Icaza.

Para ejemplificar esta etapa del arte sonoro mexicano, la pianista Itziar Fadrique ejecutó El piano preparado, de José Pomar, una partitura de preludio de fuga rítmica para instrumentos de percusión, por lo que la pianista generó sonidos con el piano, la baqueta y un trozo de madera.

Sobre este mismo autor, Miguel Molina explicó que José Pomar empleó para algunas de sus obras objetos poco habituales, como la sirena, timbres eléctricos y el megáfono, el cual vio como instrumento y no como un altavoz de palabras.

Con esta sesión de escucha se inauguró Ruidos y silencios del arte sonoro de la vanguardia histórica mexicana: José Juan Tablada y el estridentismo (1917-1928), propuesta que reúne una selección de obras que reconstruye el artista multimedia Miguel Molina Alarcón, las cuales pueden ser escuchadas en el Jardín sonoro.

Entre las obras programadas se encuentra Ruidos y perfumes (en un jardín), que trata de un paisaje sonoro y oloroso de un área verde, con onomatopeyas de los ruidos de la naturaleza, humanos y urbanos que en él se producen. Esta pieza evoca al jardín que tenía José Juan Tablada en su casa de estilo japonés en Coyoacán.

Esta propuesta podrá escucharse gratuitamente hasta el 30 de junio, de 12:00 a 13:00 horas y de 17:00 a 18:00 horas, en el Jardín sonoro de la Fonoteca Nacional, ubicado en Francisco Sosa 383, colonia Barrio de Santa Catarina, Coyoacán.

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