Analizan orígenes, repercusiones y posibles soluciones al problema social del ruido

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  • La relación de sonido y ruido depende tanto de factores sociales y culturales, coinciden especialistas en la materia

Por: Redacción

Los diferentes conceptos, acepciones, lineamientos normativos, aspectos y experiencias sobre el ruido fueron analizados en la Fonoteca Nacional en el marco del Día Internacional de Sensibilización sobre el Ruido.

Como cada último miércoles de abril, desde hace 20 años, especialistas en la materia se reunieron para analizar los diversos enfoques de análisis sobre el ruido, por lo que el periodista  especializado en cultura y medios, Julián Woodside en su trabajo El ruido como acto de ciudadanía. Cuestionamientos sobre el deber ser sonoro, expuso que la relación de sonido y ruido depende tanto de las relaciones de poder como de otros factores sociales y culturales.

En la Sala Murray Schafer de la Fonoteca Nacional, el especialista precisó que en cualquier ciudad depende de la autoridad, por lo que ejemplificó que la policía puede callar a unos jóvenes que escuchan música en la esquina, sin embargo se puede detener una obra en el Segundo piso generando ruido a las tres de la mañana y no se puede controlar porque la autoridad es quien la crea.

Por un lado tenemos las cuestiones de relaciones poder en el control del ruido, pero también hay otras serie de factores culturales y sociales, está  el tema del gusto, la discriminación, etcétera.

De repente nos podemos quejar de que el vecino está escuchando regaetón a todo volumen un domingo por la tarde y entonces es ruido para nosotros, pero de repente veo comentario en Facebook donde dicen “ojalá mi vecino más bien escuchara ‘metal’ o música contemporánea”.

“Pero no es el volumen, sino la música que estamos escuchando y la repercusión sociocultural que tiene que ver con eso. Es decir, todo lo que implica discriminar, por ejemplo, un estilo musical, porque no nos gusta, sino por el estereotipo de la gente que escucha ese estilo”, reflexionó Julián Woodside.

La celebración internacional en el recinto del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes estuvo moderada por Rafael Gómez Choreño, en representación de Lidia Camacho, directora general de la Fonoteca Nacional, donde participaron también Ana Lidia Domínguez y Tito Rivas.

Asimismo, Julián Woodside consideró que el ruido es inmanente a lo humano, su materialización cambia con el devenir y el flujo de diversas percepciones sociohistóricas. “Lo que para nosotros puede ser ruido hoy día, en el pasado no era ruido o no era percibido de esa manera y entonces esa noción de la percepción social del ruido depende de muchos factores, qué tan pertinente es para un contexto determinado, la valoración que tenemos de la fuente, es decir, si nos cae bien o mal, nos gusta o no, lo que representa  la fuente como tal.

Al compartir deferentes experiencias y formas de manifestarse, comentó que el ruido permite el sabotaje cívico, marchas silenciosas, intervenciones musicales, reconfiguraciones de paisajes sonoros, etcétera, sin embargo su abuso puede ocasionar que pierda el sentido en la intención original o se vuelva silencio.

Lo importante es distinguir cuando el ruido se usa para violentar mediante el uso propio y cuando se usa para proponer mediante la búsqueda de espacios para la expresión comunitaria. En este caso, el ruido es necesario, sí, a veces rompe con la armonía, pero también nos permite salir de la monotonía, señaló Julián Woodside.

Por su parte,  el músico y artista sonoro Tito Rivas consideró necesario analizar la problemática del ruido desde la perspectiva de su formación como problema, es decir, analizar el problema del ruido antes que éste se determine como un problema o en todo caso tratar de dilucidar por qué puede considerarse como un problema.

En el tema que desarrolló El ruido como dispositivo, comentó  que en principio se descubriría que no hay una distinción radical entre sonido y el ruido, y señaló que cuando se escucha algo en un primer momento la forma que toma ese algo es una forma de presencia, es una determinación que lo único que anuncia que eso que ocurre es un sonido.

El sonido es una energía que se manifiesta, pero esa energía es producto de una acción en el mundo que puede o no tener que ver con la propia producción de sonido, normalmente no tiene nada que ver. Muchos de los sonidos se producen como consecuencia de una acción cualquiera y esa acción, la mayoría de las veces, no está agotada o preocupada por el sonido o ruido que propaga.

Asimismo, precisó que si el ruido se constituye y emerge a partir de actos de escucha y asumimos que es un producto, también es un elemento simbólico del juego político de las relaciones dentro de una sociedad. Una forma de trabajo de ese problema tendría que ver con la importancia de aprender a escuchar. Si el ruido es un acto de escucha, el cómo lo escuchamos se teje gran parte de la solución del problema.

Es importante que el individuo aprenda a hacer conciencia de su ruido frente al ruido de los otros, tan importante comprender cómo yo me convierto en escucha.

Al participar con el tema Ruido y sociedad, en la mesa redonda organizada por la Fonoteca Nacional, Ana Lidia Domínguez precisó que cuando nos quejamos del ruido y decimos que las leyes y las autoridades deben solucionar los problemas, las leyes son un camino de retención, camino que se puede altamente violatorio de la intimidad. Sobre todo porque consideramos que el ruido lo hacen los otros, pero nunca nos ponemos a pensar en el ruido que hacemos nosotros.

En este sentido, la investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional se refirió a la sensibilización sobre el ruido y apuntó que todos somos generadores potenciales de ruido, tenemos que hacernos más conscientes de nuestras prácticas sonoras en un afán de empatía para entender al vecino, mientras pongamos una protección y pensemos que el problema lo hacen otros no vamos a salir de este círculo vicioso.

Por último, consideró que solucionar el problema del ruido a partir de convertirlo en un delito mediante prohibiciones no es lo más sensato ni lo más sano, sobre todo que es producto de una actividad humana y porque pude tener ciertas utilidades.

“Lo ideal es un cambio de conciencia pero lleva mucho tiempo, lo más sencillo es regular estas prácticas, hacer respetar zonas de inmunidad acústica, es decir, procurar el mayor periodo de silencio en lugares que requieren de descanso, como los hospitales o las escuelas; está comprobado que los enfermos no se recuperan de la misma manera que cuando están en zonas ruidosas que en zonas tranquilas”, precisó la especialista en ciencias antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa.

En su oportunidad, el moderador resaltó el cambio de enfoque que se inserta en este espíritu de no sólo declararse en contra del ruido, sino pensar en su complejidad y abrir a la reflexión los múltiples aspectos que comprenden pero que también transforman con su presencia material.

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